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COMBATE POR EL SOCIALISMO, LA LIBERTAD Y LA PAZ
"Libertad sin Socialismo es privilegio e injusticia y Socialismo sin Libertad es esclavitud y brutalidad"
Mijail Bakunin
"Ha llegado la hora de construir otro futuro, un futuro sin dominación, un futuro emancipado para hombres y mujeres libres e iguales"
Le Combat Syndicaliste de la CNT-f
""Intentar que el mundo sea digno para todas las vidas humanas, no sólo para algunas"
Pablo Neruda
Recientemente se ha puesto de moda acusar de "anarquismo" a los sectores
de la izquierda revolucionaria que mantienen posiciones críticas con
relación a determinadas políticas del gobierno.
La referencia presidencial al "anarquismo" de las consignas de la marcha
del 27 de febrero de 2008, convocada por la Asamblea Popular
Revolucionaria de Caracas, es uno de los ejemplos más notorios de esta
tendencia.
De manera simplista, se señala al anarquismo como una ideología
reaccionaria. No hay que ser anarquista para reconocer un error en ese
método, que no critica sino que tergiversa el contenido de la doctrina.
Este es un momento propicio para valorar en su justa dimensión el legado
histórico del anarquismo. Este primero de mayo estaremos conmemorando 122
años del inicio de una huelga por la jornada de ocho horas, la cual derivó
en la masacre de la plaza de Haymarket, y luego la ejecución de los cinco
mártires de Chicago.
Estos mártires, al igual que Sacco y Vanzetti, fueron ejecutados por
órdenes del sistema judicial estadounidense, por el único crimen de su
activismo comprometido con la clase trabajadora. Y eran anarquistas.
Evidentemente, los agentes de la burguesía que ordenaron su ejecución no
consideraban al anarquismo como una ideología funcional al sistema
capitalista.
El anarquismo se diferencia del marxismo fundamentalmente en la cuestión
del socialismo, como etapa de transición hacia el comunismo: tanto para
los marxistas como para los anarquistas, el comunismo es la disolución del
Estado, el fin de la división de la sociedad en clases; pero los
anarquistas no conciben la idea de un Estado revolucionario, en transición
hacia el comunismo. De esa diferencia con el marxismo se derivan aspectos
de su praxis, como la táctica de no organizarse en un partido, o la
decisión estratégica de no luchar por la toma del poder del Estado. El
anarquismo revolucionario, el del clasismo militante y anticapitalista,
tuvo su auge entre los finales del siglo XIX y la primera mitad del XX,
destacándose la experiencia del anarcosindicalismo español durante la
segunda república. Actualmente esa tradición revolucionaria del anarquismo
ha quedado muy reducida como corriente. El nihilismo es lo que abunda
ahora, a nombre del anarquismo, y tiene muy poco de revolucionario. En
Venezuela, algunos de estos grupos que se proclaman anarquistas,
participan en las movilizaciones de la derecha, valoran positivamente al
movimiento estudiantil reaccionario, e incluso participan en acciones de
corte fascista, como el ataque a la Escuela de Trabajo Social de la UCV,
realizado a finales del año pasado.
Muchos detractores del anarquismo suelen asimilar este término a la noción
del "individualismo" burgués, o pequeñoburgués. Se suele criticar el
individualismo de la sociedad capitalista. Pero, ¿es realmente cierto que
esta sociedad valore la individualidad?
Las evidencias cotidianas apuntan a la conclusión de que esta sociedad
prácticamente niega la posibilidad del individuo, al emplear todos sus
medios en convertir a la persona en máquina consumidora y productora de
plusvalía, las únicas cualidades "humanas" cuyo desarrollo le interesan a
la clase explotadora. Basta con observar los medios de comunicación de
masas, esa horrible maquinaria destructora de la personalidad individual,
que mastica las mentes y las hace uniformemente alienadas. El objeto de la
revolución es liberar al individuo de las cadenas capitalistas (la
explotación material y la ideología capitalista son eslabones de la misma
cadena) que le impiden llegar a realizar su individualidad.
No hay que concederle a la burguesía esa pretendida defensa de la
individualidad, pues se trata de una de sus más importantes mentiras
propagandísticas. La cara opuesta del "individualismo" burgués no es la
negación del individuo a nombre de lo colectivo. La respuesta
revolucionaria a la concepción burguesa del individuo es decir que no
existe tal oposición entre individuo y sociedad, sino que se trata de dos
niveles de una misma realidad (no hay sociedad sin individuos, ni
individuos que vivan y se formen aislados en un tubo de ensayo) y que la
libertad individual será una realidad para todos cuando la sociedad sea
liberada de la opresión de una clase sobre otra, con todas las taras
culturales que la violencia organizada del Estado burgués supone.
Un revolucionario es, sobre todo, un humanista, alguien que apuesta al
libre desarrollo de la personalidad, y que reconoce en la revolución el
medio para construir las condiciones de esa libertad.
Concluyo citando extensamente un fragmento del texto "La Política del
Consejo", de Mijail Bakunin, escrito en 1869, y en el cual se reflejan
algunos rasgos importantes del anarquismo revolucionario. Estos se
diferencian claramente, tanto de las caricaturas que realizan sus
detractores, como de lo que reivindican muchos de quienes hoy se dicen
anarquistas.
"¿Sabe usted que entre el proletariado y el burgués existe un antagonismo
mortal que es la consecuencia lógica de las posiciones económicas de las
dos clases? ¿Sabe que la riqueza del burgués es incompatible con la
comodidad y la libertad de los trabajadores, porque dicha riqueza excesiva
está, y puede solamente estar, construida sobre el robo y la esclavitud de
los trabajadores? ¿Entiende que, por esta misma razón, la prosperidad y la
dignidad de las masas trabajadoras exigen inevitablemente la abolición
completa de la burguesía? Sin embargo, ¿usted también comprende que ningún
trabajador aislado, no importa cuán inteligente y enérgico él sea, puede
luchar con éxito contra las fuerzas excelentemente bien organizadas de la
burguesía, cuya ofensiva es mantenida, principalmente, por la organización
del Estado -todos los Estados-?
¿No ve que, para hacerse realmente fuerte, usted no debe unirse con el
burgués, que sería una locura y un crimen hacerlo, puesto que todo
burgués, en cuanto perteneciente a su clase, es nuestro enemigo mortal; ni
con los trabajadores que han desertado, abandonando su propia causa, y que
se han rebajado para pedir la benevolencia de las clases gobernantes?
(...)
Si Ud. sabe y comprende todo esto, puede entrar en nuestro campamento,
independientemente del resto de sus convicciones políticas o religiosas.
Pero si Ud. está junto a nosotros, y mientras que Ud. está con nosotros,
Ud. deseará comprometer todo su ser, todas sus acciones así como sus
palabras, a la causa común como expresión espontánea y sin reservas de
aquel fervor de lealtad que inevitablemente tomará posesión de Ud., tendrá
que prometer:
1. Subordinar su interés personal e incluso familiar, así como su ideal y
actividades políticas y religiosas, al interés más alto de nuestra
asociación, a saber, la lucha del trabajo contra el capital, la lucha
económica del Proletariado contra la Burguesía.
2. Nunca, en su interés personal, comprometerse con la burguesía.
3. Nunca intentar afianzar una posición sobre sus compañeros obreros, pues
con ello usted se volvería inmediatamente un burgués y un enemigo del
proletariado, ya que la única diferencia entre los capitalistas y los
obreros es esta: el primero busca su bienestar individual, y en desmedro
del bienestar de la comunidad, mientras el bienestar del último depende de
la solidaridad de aquellos que son robados en el campo industrial.
4. Permanecer siempre, y por toda la vida, fiel al principio de la
solidaridad del trabajo, pues la traición más pequeña a este principio, la
más ligera desviación de esta solidaridad, es, ante los ojos de la
Internacional, el más gran crimen y vergüenza con que un obrero puede
ensuciarse.
(...)
Cada obrero, en el fondo de su corazón, está anhelando una existencia
realmente humana, es decir bienestar material y desarrollo mental fundados
en la justicia, o sea, igualdad y libertad para todos y cada uno de los
trabajadores. Esto no puede realizarse en la organización política y
social actualmente existente, la cual se funda en la injusticia y el robo
descarado de las masas trabajadoras.
Por consiguiente, cada obrero reflexivo se vuelve un socialista
revolucionario, desde que le obligan a que comprenda que su emancipación
sólo puede lograrse por el derrocamiento completo de la sociedad actual. O
esta organización de la injusticia con su completa máquina de leyes
opresivas y de instituciones privilegiadas desaparece, o bien se condena
al proletariado a la esclavitud eterna. Ésta es la quintaesencia de la
idea socialista, cuyo germen puede hallarse en el instinto de cada obrero
de pensamiento serio. Por consiguiente, nuestro objetivo es hacerlo
consciente de lo que él quiere, para despertar en él una idea clara que
corresponda con sus instintos. Para el momento en que la conciencia de
clase del proletariado se haya levantado hasta el nivel de sus
sentimientos instintivos, su intención se habrá convertido en
determinación, y su poder será irresistible."
Simón Rodríguez Porras
¡Libertaria, Igualitaria, Solidaria!
¡La Revolución está por hacer!
No hay
"principios anarquistas"
fijos, una suerte
de catecismo
libertario al que se
le debería
prestar fidelidad.
El anarquismo,
por lo menos
como yo lo entiendo,
es un movimiento del
pensamiento y
de la acción humanas
que busca identificar
las estructuras
de autoridad
y de dominación,
pedirles
que se justifiquen y,
dado que son
incapaces,
lo que sucede con
frecuencia, intentar
superarlas.
Lejos de haberse
"hundido"
el anarquismo,
el pensamiento libertario,
está floreciendo.
Está en la fuente de
numerosos progresos
reales.
Formas de opresión
y de injusticia
que casi no se reconocían,
y menos aun combatían,
ya no se admiten.
Es un logro, un avance
para
el conjunto del
género humano,
no un fracaso.
Noam Chomsky
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