COMBATE POR EL SOCIALISMO, LA LIBERTAD Y LA PAZ
"Libertad sin Socialismo es privilegio e injusticia y Socialismo sin Libertad es esclavitud y brutalidad"
Mijail Bakunin
"Ha llegado la hora de construir otro futuro, un futuro sin dominación, un futuro emancipado para hombres y mujeres libres e iguales"
Le Combat Syndicaliste de la CNT-f
""Intentar que el mundo sea digno para todas las vidas humanas, no sólo para algunas"
Pablo Neruda
PONFERRADA.— Había comenzado la Guerra Civil e Isaac Cabo Pérez prefirió refugiarse en el Pajariel. Temía la represión por parte del nuevo régimen debido a su afiliación sindical y a las ideas políticas de buena parte de su familia, vinculada a la izquierda.
Algunas noches, al amparo de la oscuridad, bajaba a Flores del Sil a visitar a su mujer, Jerónima, y a su hijo Fernando, que contaba con tan solo tres años. Seguramente, Fernando,
de tan sólo tres años, no entendía nada de guerras por aquel entonces. Ni nunca entendió. No le dio tiempo. No le dieron tiempo a entender ni de guerras, ni de nada.
La guerra es un drama completo, no son sólo soldados muertos en los frentes. La guerra son inocentes fusilados, enfermos maltratados, mujeres violadas y niños apaleados.
Isaac debía de saber que la guerra no era nada bueno. Pero es posible que ni siquiera llegara a imaginarse que pudiera llegar a un extremo tan feroz. Bajó una de esas noches del monte. Corría
agosto y posiblemente hacía calor. Pero el calor que él necesitaba era otro, era el calor del abrazo de su familia, aunque tuviera que ser un abrazo obligadamente fugitivo.
Sin embargo, al llegar a su casa, vio el reflejo más inhumano de la guerra. Lo único que pudo abrazar Isaac de Jerónima y Fernando, de tan sólo tres años, fueron sus cadáveres. Madre e hijo
yacían muertos junto al camino. Ambos habían sido brutalmente asesinados por un grupo de falangistas que debieron ver en esta ama de casa de 22 años y su hijo de tan solo tres, un riesgo para los
objetivos del autodenominado bando nacional.
La historia de Jerónima y Fernando, el niño de tan solo tres años, es una de las más llamativas y recordadas de la Guerra Civil en el Bierzo. Y es que, además de reflejar toda la crueldad del
enfrentamiento, los cuerpos de ambos estuvieron yaciendo a la intemperie, junto al camino, durante más de tres días, por lo que mucha gente que viajó a Galicia a través de la antigua carretera de
Orense pudo comprobar el resultado de la barbarie.
Tras el atroz descubrimiento de aquella noche, Isaac volvió al monte y vagó durante días hasta que logró pasar a Asturias a finales del mes de agosto. Supo que, semanas más tarde, pistoleros
falangistas habían asesinado también a su padre, Demetrio Pérez, a su madre, Visitación Cabo, a sus hermanos, Demetrio y Victorino, y a su cuñado Salvador. A este último en la cama, mientras se
recuperaba de las heridas que sufrió en los sucesos de Ponferrada en los primeros días después del golpe de Estado.
Ya en Gijón, en febrero de 1937, Isaac se enroló voluntario en el Batallón 'Máximo Gorki' y posteriormente en el Cuerpo de Carabineros del bando republicano. Al poco tiempo fue detenido en
Santander el mismo día que el ejército franquista tomó la ciudad, y condenado a 30 años de prisión mayor por un delito de 'adhesión a la rebelión'.
Según las actas, Isaac tenía «mala conducta y antecedentes izquierdistas». No obstante, a alguien le debió remover la conciencia el que prácticamente toda la familia de Isaac hubiera sido
exterminada, porque a otros, con los mismos 'delitos', los condenaron a muerte. A él, 'sólo' a 30 años. Pero Isaac tenía otra condena más dura, la cadena perpetua de recordar la imagen de su
mujer y su hijo Fernando, de tan solo tres años, brutalmente asesinados.
Isaac relató parte de estos hechos en una carta manuscrita fechada el 27 de abril de 1940 desde la Prisión Provincial de Santander. En ella explicó desconocer «cuáles hayan sido los verdaderos
móviles de los asesinatos mencionados, ni cuales sean sus autores, sin que sepa tampoco si con estas últimas está completa la lista de pérdidas familiares».
Años después, otro juzgado militar le imputa un nuevo delito, implicándole en la quema de iglesias. Los partes hablan de que sus familiares fueron juzgados y fusilados por hechos análogos.
Temiéndose otra condena, Isaac escribe un manuscrito al Juzgado Militar letra 'R' de Santander informando de que ya está cumpliendo condena y «suplica» que se pongan en marcha las diligencias
«que puedan conducir al esclarecimiento de su inculpabilidad, pues así procede en justicia». El relato del «exterminio de su familia» -dice textualmente en la carta- junto a la petición, surtió
efecto y el Tribunal dio carpetazo a la segunda condena.
Pero no sería la última. En junio de 1942 un grupo de guerrilleros ocupa Toral de Merayo y vuelven a abrirle una causa como sospechoso de participar en los hechos. Estuvo dos meses en la Prisión
de Ponferrada y después pasó a disposición del Juez Militar Número 1 de León.
Salió absuelto de ese proceso «pero poniéndole a disposición del Ilmo. Señor Director General de Prisiones por quebrantamiento de residencia», según el expediente.
Cuando consiguió librarse del calvario, Isaac decidió entonces que el Bierzo ya no era su sitio, que si permanecía sólo podía esperar lamuerte. Aquí ya no tenía a nadie. Toda su
familia estaba muerta desde hace años. Lo único que le quedaba de su mujer, Jerónima, y su hijo Fernando, de tan solo tres años, era un retrato. Con la foto bajo el brazo, Isaac emprende rumbo a
León. Paró en Pedrún del Torío, donde pudo iniciar una nueva vida.
Varios años más tarde, el 23 de noviembre de 1945, el Registro Civil de Ponferrada inscribe la defunción de Jerónima Blanco Oviedo. En el acta, figura como causa de la muerte «la lucha contra el
marxismo». El documento no cita la descendencia que dejaba, porque Jerónima no dejaba descendencia. Junto a ella, habían matado a su hijo, el pequeño Fernando, de tan solo tres años.
Hoy hay pruebas de que Jerónima hubiera dejado descendencia si no la hubieran matado aquel día. Estaba embarazada.
Cronología
Agosto de 1936: Tras el 'Alzamiento Nacional' del 18 de julio, Isaac Cabo Pérez se refugia en el monte desde el que baja algunas noches a visitar a su familia. En una de estas
visitas descubre los cuerpos de su mujer y su hijo asesinados.
Febrero de 1937: Isaac pasa a Asturias. Se entera de que sus padres, hermanos y cuñado han sido asesinados también. Se enrola en un batallón republicano. A los pocos meses es
detenido y encarcelado.
1942: Tras varias acusaciones de rebelión y unos años de cárcel, es puesto en libertad y huye a Pedrún del Torío a iniciar una nueva vida.
2000: Nace la Asociación de la Memoria Histórica (ARMH). El caso de la mujer y el niño muertos, muy comentado, llama la atención del colectivo.
2007: Tras años de investigación, Santiago Macías consigue poner rostros al sonado caso. Isaac había salvado y conservado toda su vida un retrato de su familia.
La fosa se abrirá en octubre para dar el adiós pendiente a Jerónima y Fernando.
El vicepresidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), Santiago Macías, lleva años investigando sobre la historia de la mujer y el niño de Flores del Sil. «No
tenía mucha información, pero se contaba que un mando franquista ordenó que no se repitieran imágenes de ese tipo», explica. «Obviamente, nadie le hizo caso».
Un día encontró en el Archivo Militar de Ferrol una carta manuscrita que hablaba de una mujer y un niño muerto, además del padre, la madre, dos hermanos y un cuñado del firmante. El firmante era
Isaac. Era la carta en la que pedía su indulto.
Los nombres que aparecían en el manuscrito le dieron algunas pistas para localizar a varios familiares. Entre ellos, y tras muchas vueltas, a José Cabo de la Riva, hijo del segundo matrimonio de
Isaac en Pedrún del Torío. Éste ha decidido ceder a la ARMH toda la documentación y los recuerdos de la primera familia de su padre, a la que nunca conoció.
La fosa donde la madre y el niño fueron enterrados se encuentra en el kilómetro 3 de la antigua carretera de Orense, en frente de la gasolinera de La Martina, junto a la casa familiar.
La ARMH tiene previsto excavarla en octubre para darle el abrazo de despedida a Jerónima y al pequeño Fernando. Un abrazo de despedida que su familia no ha podido reivindicar, porque su familia no existe. Un abrazo de despedida no reclamado, pero que sin duda quedaba pendiente.
La ARMH pedirá un espacio en el cementerio de Ponferrada para enterrar los cuerpos no reclamados
D.M. /17 de septiembre de 2007
PONFERRADA.— La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) tiene previsto dirigirse formalmente al Ayuntamiento de Ponferrada para solicitar un espacio en el cementerio
municipal de la capital berciana en el que poder dar sepultura a los restos humanos recuperados de las fosas exhumadas que no han sido reclamados por ninguna familia.
La ARMH tiene ya siete años de existencia. La historia de este colectivo se fraguó en la comarca del Bierzo en el año 2000, ligada a la búsqueda de la fosa común de la Guerra Civil en la que yacía desde 1936 Emilio Silva Faba, fusilado por los falangistas y abuelo del actual presidente del colectivo, Emilio Silva Barrera.
A partir de ahí, han sido decenas las fosas de republicanos muertos exhumadas por los arqueólogos de la asociación a petición de las propias familias.
Este mismo verano se recuperaron los restos de Leonides Francisco Rodríguez, asesinado el 27 de noviembre de 1936 y cuyo cuerpo yacía junto a una ermita en Santa Leocadia, en el
municipio de Toreno, trabajo con el que comenzaban las exhumaciones de esta campaña.
Pero según explica Santiago Macías, «en ocasiones, al exhumar una fosa que ha solicitado alguna familia, hay en el mismo enterramiento varios cuerpos y algunos no los reclama nadie. Nos hemos
dado cuenta que en algunas ocasiones no los reclaman precisamente porque no tienen familia».
Por este motivo, la ARMH tiene intención de dedicarles a todos estos republicanos un lugar digno donde reposar, colocando junto a sus restos una placa identificativa con su nombre
para recuperar en la medida de lo posible su olvidada memoria.
Debido al dramatismo y la emotividad del caso de Jerónima y el pequeño Fernando, debido también a que es un caso recordado por tanta gente que vio los cuerpos muertos junto al camino y debido a
que es una historia que ha llamado la atención desde los inicios del movimiento de recuperación de la memoria, la ARMH quiere convertirlo en su emblema y que sea la referencia de todos estos
casos de restos no reclamados que sin embargo merecen un adiós digno.
Al ser el cementerio de Ponferrada de titularidad municipal, Santiago Macías considera que no habría problemas en disponer de ese rincón de la memoria a los republicanos sin
familia.
«Sin embargo, creemos que el Ayuntamiento podría hacernos una cesión. Somos una asociación, con lo cual nuestros recursos son limitados, es conocido que trabajamos con voluntarios y sería un buen
gesto por parte del Ayuntamiento de Ponferrada la cesión de ese espacio. Además, nunca le hemos pedido nada».
Tener ese espacio para la memoria en el cementerio municipal de Ponferrada significaría mucho para un colectivo nacido en el Bierzo y cuya acción ha saltado ya a límites internacionales, despertando un gran interés social, con la creación de delegaciones en prácticamente todas las autonomías y hasta la puesta en marcha de un proyecto de Ley.
¡Libertaria, Igualitaria, Solidaria!
¡La Revolución está por hacer!
No hay
"principios anarquistas"
fijos, una suerte
de catecismo
libertario al que se
le debería
prestar fidelidad.
El anarquismo,
por lo menos
como yo lo entiendo,
es un movimiento del
pensamiento y
de la acción humanas
que busca identificar
las estructuras
de autoridad
y de dominación,
pedirles
que se justifiquen y,
dado que son
incapaces,
lo que sucede con
frecuencia, intentar
superarlas.
Lejos de haberse
"hundido"
el anarquismo,
el pensamiento libertario,
está floreciendo.
Está en la fuente de
numerosos progresos
reales.
Formas de opresión
y de injusticia
que casi no se reconocían,
y menos aun combatían,
ya no se admiten.
Es un logro, un avance
para
el conjunto del
género humano,
no un fracaso.
Noam Chomsky
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